En las entradas anteriores explicamos qué es la grasa corporal y el efecto que tiene sobre el sistema inmune, generando el estado conocido como inflamación metabólica. Pero, ¿cuál es la relación que guarda la inflamación metabólica con la diabetes? La respuesta no es tan sencilla, pero sin duda ¡te sorprenderá!

 

La diabetes tipo 2 es una enfermedad metabólica que se caracteriza por un aumento en los niveles de glucosa o azúcar en la sangre provocando síntomas como: aumento de la sed (polidipsia), el hambre (polifagia) y las de ganas de orinar (poliuria).

 

El gran problema de mantener los niveles elevados de glucosa en la sangre es que resultan tóxicos para las células y tejidos generando daños difíciles de reparar. Sin embargo, para que el daño surta efecto, deben pasar meses o incluso años, por lo que los efectos no son visibles a corto tiempo. Para cuando los efectos son visibles, el deterioro es prácticamente irreversible. Por ello, la Diabetes tipo 2 se conoce como una enfermedad “silenciosa” y, por tanto, en extremo peligrosa.

 

El daño puede producirse en los nervios (neuropatía diabética) en los ojos (retinopatía diabética), en el riñón (enfermedad renal crónica), en las arterias y venas (enfermedades cardiovasculares) o simplemente presentarse como un aumento en el riesgo de  contraer otras enfermedades como el cáncer.

 

La glucosa es esencial para la producción de energía, mediante reacciones químicas que se generan dentro de las células. Para que la glucosa entre en las células,  es necesario que exista la llave y la cerradura correcta. Es decir, que la insulina (llave) se una a su receptor (cerradura) y le avise a la célula que debe abrir las puertas de entrada para la glucosa.

 

Aquí es donde entra al juego la inflamación metabólica. Los químicos resultados de este proceso, van a ejercer un efecto como el del óxido al metal: entre más productos de la inflamación metabólica tenemos, más “oxido” se forma en el sistema de cerradura (receptor) y más difícil será que dé vuelta al introducir la llave (insulina), provocándonos lo que se conoce como resistencia a la insulina.

 

La insulina es una hormona producida por el páncreas y cuando ésta no puede unirse a su receptor, es producida en exceso para forzar la entrada de glucosa a la célula. Este efecto se conoce como hiperinsulinemia.

 

En un principio, la sobreproducción de insulina ayuda a mantener niveles normales de glucosa, esto se verá reflejado en pacientes con niveles de glucosa en sangre normales. Sin embargo este esfuerzo aumentado del páncreas para producir más insulina, acabara con la capacidad del órgano para producirla, provocando que los niveles de glucosa se eleven de nuevo y la progresión del  daño en los tejidos por la acumulación de sus productos tóxicos.

 

Es en este momento en que el paciente es diagnosticado como diabético, pero como nos podemos dar cuenta, la enfermedad comienza a presentarse mucho antes de que los cambios sean evidentes.

 

Los avances de la medicina han sido tales que actualmente existen muchos medicamentos enfocados en tratar los síntomas de esta enfermedad, pero ninguno puede curarla. ¡La buena noticia es que la clave para prevenir y detener el daño se encuentra en la nutrición! Una asesoría nutricional a tiempo puede ser la diferencia entre una excelente calidad de vida y una vida llena de enfermedades tomando medicamentos.

 

El grupo de expertos de nutrilean puede ayudarte a planear tu alimentación con el objetivo de prevenir y detener el daño inducido por la diabetes tipo 2. ¡Agenda una cita! En nutrilean ponemos la ciencia al servicio de la nutrición.

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